Sabemos que es mala roca. Aún tenemos el recuero de un Ricardo Zamora despejando con el puño, sin mayores consecuencias que un meñique inutilizado algunas semanas. Llevamos varias excursiones revoloteando a su alrededor y como nobleza obliga: allá nos vamos.
Salimos caminando de las Vegas del Toro, Las Moñetas es un camino largo y más si el calor de un mediodía de julio aprieta en una mañana de octubre. Ni una ligera brisa. Suerte que el ascenso al Cuchallón lo hicimos en sombra.
Rodeamos el llamativo contrafuerte por la derecha en sentido ascendente, para ganar la canal más alta: la indicada en verde. Trepamos por la canal, saliéndonos al espolón de la izquierda en busca de roca firme, para en su parte superior ascender por la derecha de la canal hasta ganar la brecha que da vista a la vertiente del mediodía. Desde allí buscamos una fisura que debilita la llambria cerrada por un imponente muro a su derecha.
Una vez en lo alto de la placa, nos escoramos a la derecha buscando el camino más fácil y evidente a cumbre.
La bajada, con mucho mimo. No encontramos ningún clavo para descender la placa mediante rapel y sí un resalte temerariamente laceado. Quiero pensar que nadie osó a colgarse de ahí, en todo caso vale la pena destrepar. Nosotros encontramos un puente de roca con un maltrecho cordino que renovamos y reforzamos con mediocre laceo, para continuar el descenso por la canal NE, considerada por Adrados como vía normal.
Manejamos reseña de Adrados, de Atela y algunas leídas en ForoPicos. Nos parecieron correctas. Solo insistir en la mala calidad de la roca y anotar que no encontramos en clavo mencionado por Atela.
Mientras llegaba a la cima se me vino a la cabeza una cualidad de la roca casi olvidada a pesar de lo frecuente en algunas montañas:
friable.
(Del lat. friabĭlis, desmenuzable).
1. adj. Que se desmenuza fácilmente.

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