La noche anterior dormimos aparcados en el pueblo de Formigal. Bien temprano, y empapados de las sabias palabras de el ínclito David Atela, nos dirigimos hacia el apartadero que hay unos metros por debajo del punto puerto del Portalet en la francesa vega de Anéou.
Con buen ánimo partimos dirección al refugio de Pombie, pasando por el vistoso collado del mismo nombre. Sin detenernos a alternar en el refugio y en poco tiempo ganamos el collado del Peyreget que da vista a la entretenida arista que nos conducirá a la cumbre del Petic Pic (2808 m).

La caótica sucesión de canales no defrauda, hace que entremos en calor y nos regala algún pasete delicado. La pocas referencias nos obligan a mantener la atención constante durante toda la subida, y la salida a cumbre nos ofrece una imagen de un Midi d'Ossau inexpugnable.
Miramos a la otra punta de esta montaña con cara de póquer, bromeamos sobre el posible itinerario de subida y sí, acertamos. Releyendo la reseña de Atela, tendríamos que dirigirnos a la parte que parece más expuesta e infranqueable. ¡Qué le vamos a hacer!
El descenso a la Fourché desvaneció la posibilidad de volver sobre nuestros pasos, así que armados de buen humor seguimos adelante para comenzar a trepar y dejar atrás los metros más espectaculares de la excursión.
Una vez superado el paso horizontal y el resalte posterior el resto de trepada no ofrecía mayores dudas. En poco tiempo alcanzamos la cumbre (2884 m) de la fotogénica montaña gala, hicimos fotos, disfrutamos del mar de nubes y nos tomamos unos minutos para hacer "patria" en este emblema del montañismo francés.

En esta estábamos cuando llegaron, besaron el santu y retomaron sus pasos dos señores franceses que más tarde alcanzaríamos en la más que triscada pulida normal.

Ya no hacen falta más detalles, deshicimos lo andado por la mañana. Al llegar a la Vega de Aneou nos llama la atención lo joven de los pastores de la Galia y envueltos en una densa niebla meona regresamos a la furgoneta.


continuará...
En esta estábamos cuando llegaron, besaron el santu y retomaron sus pasos dos señores franceses que más tarde alcanzaríamos en la más que triscada pulida normal.
Ya no hacen falta más detalles, deshicimos lo andado por la mañana. Al llegar a la Vega de Aneou nos llama la atención lo joven de los pastores de la Galia y envueltos en una densa niebla meona regresamos a la furgoneta.
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